lunes, 27 de marzo de 2017

martes, 26 de abril de 2016



SONATA EXANGÜE 
(Réplica gótica al poema sonatina de Rubén Darío) 


La princesa está muerta… ¿no ves su indiferencia?
la sangre se escapa como si fuera una senda
ha perdido la vida por el hondo dolor.
La princesa está quieta como un cuervo moro
y sus labios de cera, están en reposo
como si desfallecida, se encontrara una flor.


En sus ojos velados, se hallan collares
madriguera que en cuita, esconde romances
resguardados en blanco de su bello blasón.
La princesa no sufre, vacía está su mente;
la princesa ha cerrado su portón doliente
no pronuncia palabra, apago el corazón.


¿Miras acaso, que se le escapa una lágrima,
entre el oscuro plano de su retina llana
para dar la apariencia de que todavía hay luz?
¿O has mirado sus labios de besos vacantes
como si buscara caricias, apegos distantes,
que han sido razón de su fúnebre cruz?


¡Ay!,  pobre princesa descansa en la fosa
ya no quiere ser bella, marchita la rosa,
tiene ojeras ligeras, por tanto llorar
yace sola y triste, nadie la ha tocado,
ha extinguido martirios con altares profanos
y se ha perdido en el viento, su dolido penar.


Sus mejillas tristes, de  color escarlata
Han tomado el matiz de una vela de plata
como si  perpetua se extinguiera su luz.
Y están deshechas las flores por el lóbrego monte
ya no están olientes, toman tonos cobre
como si fueran cirios que alumbraran el Sur.


¡Pobrecita princesa  junto a los abedules!
Está presa en sus lloros, cristalillos que cubren,
el calabozo de mármol de su arnés fatal;
en su palacio de hierro le custodian heladas,
las estatuas que velan por sus penas amargas
para que ella duerma en su tumba de sal
¡Oh, quién fuera princesa que dejó esta vida!
(La princesa está muerta, la princesa está pálida)
¡Por amor cautivada, en féretro oro de apagado candil
¡Quién irá a los cielos donde el amor existe,
—la princesa está exangüe, la princesa está muerta—,
ha volado su alma, hasta un cielo gentil!
—«duerme, duerme princesa —le ha dicho la vida—;
en caballo y carroza, hacia acá se encamina,
con la voz encajada en tu eterno dolor
el feliz pasajero que trotara por tu suerte
y que llega de lejos, ¡se llama la Muerte!,
te lleva a sus reinos a encontrar el amor».

©Copyright Araceli García.


EN EL MÁS ALLÁ 



Cuando en la lápida gris de mi sepultura

Yazga este corazón que te ha amado tanto

No mires triste la ausencia de mi figura

trémula y viva estará la voz de mi canto


Cuando en la noche oscura recuerdes mi mano

Sujeta el fuego que en el céfiro se acuna

Será el enjambre dueño de este amor lejano

Que yace en invierno de etéreas llanuras


Si la luna en un rayo ilumina tu campo

Será luz de mis ojos que te estará alumbrando

En lúcidas notas te cobijaré con manto

Ese que con ilusión siempre te estará amando


Ángel de mis sueños, no me dejes ir

Grietas de dolor, te estarán buscando

Y quizá en el cielo, la muerte nos logre reunir

Dios sabe, que en el más allá, te estaré esperando.


©Copyright Araceli García





OTOÑO LÚGUBRE





Corren las hojas del otoño, como quien desnuda el silencio

el viento baila con la luz, en tornasoladas banderas de tedio

sobre los árboles tristes de follaje moreno; corazón friolento

se desploma, ante un sendero que al fondo visualiza invierno


¡¡Amor!! cíclopes de la noche levantan remolinos de miedos

la sangre brota, como un centauro corriendo en el desierto

otoño de hojas rojizas, como caricias perdidas en el tiempo

deshojan páginas, momentos en que el amor brotaba inmenso


¿Cómo se puede encontrar entre los remolinos tus besos?

si el alma gotea cristales, náufragos collares de recuerdos

Tristes memorias que dejaron los huertos temblando de deseo

Pioneros que anidaron entre la alborada de sucumbidos cielos

Mancillando el alma, que no encuentra en este camino regreso
Otoño de muerte, otoño de dolor que vive en mis ojos de mausoleo
Enterrándome una estaca de pálidos amarillos crepúsculos de fuego

Pidiendo olvidarlo, como él lo hizo, dejándome rota y sin anhelos.


©Copyright Araceli García.




ZOZOBRA

Tú, permaneces como estatua griega
en un mármol cabalístico que te nombra;
renaces, entre amargura y sombras
sobre un corazón que enamorado ruega



Distante en tu mundo, al mío llegas,
como un fantasma que a mi sed conforma
Sin un pedazo de tu existente forma
te pido amor, y con desdén lo niegas



Aquí sentada, enfrento la liba de la angustia
bailando lunas que enfrentan a la muerte
inútilmente a este mal, le he buscado cura
mas sólo he topado, un aguijón de mala suerte



Tú, cántaro que apagó mi cordura
y que ilusionó mi latir, sobre un mar inerte
en soledad, he mantenido tu figura
con un constante miedo, a  perderte.



©Copyright Araceli García.

lunes, 23 de febrero de 2015

VENENO DE ROSAS












VENENO DE ROSAS




Doncella rosa, de gran piedad


Flor de amor y placer


En esta arena de soledad


Déjame tu cáliz, en pétalos beber




Le amé mucho, le serví


Con entrega eterna de mujer


Fui pureza de su frenesí


Pero no pude su amor sostener




Escogí una estrella,


Bella como la azulada luz de la luna


Su lozanía espiritual fue mi juventud


Sin saber que el ocaso fúnebre llegaría




Ahora estoy embrujada por los duendes 


Dentro de este loco y celestial cáliz de jade


Su encanto alucina en mí, momentos breves 


Cuando él me amó, eso mi corazón lo sabe




Cuando la luz de sus ojos me golpea


Miro a través de su gélido corazón


Bebiendo veneno de rosas; esa tristeza


Que está entumida en la cripta de mi desolación




Resuena toda su alegría en ruinas 


Como un eco, en una vela que llora a solas


Al igual que las pequeñas aves para el día 


Pintan de blanco las negras amapolas




Mi sombra de faz moribunda


Espolvoreó con polvo de rosas,


La gélida y profunda tumba de este amor,


Que bebió sus besos en invisibles gotas




Y al compás de una melodía yerma


Que lacera una herida primera


Me hallo tras la espiral oscura,


Tendida en pétalos de mi misma guerra




Con madera de tejo negro como la noche


La copa bebí en un sorbo amargo


Crepúsculos pasos, me devoraban entera,


Sumida en el letargo de esta herida que lacera




Agonicé con el cáliz de un sueño olvidado


Allá donde tiemblan airosas las estrellas,


En cavernas de un sueño fracasado


Que estalló en pedazos los eslabones de cadenas




Desgarrando el alma, entre la brisa nocturna


Cada gota tomada, fue un triste recuerdo


Cada trago, llevaba el dolor de mi alma


Cada néctar, extraía en su faz el secreto


Manantial dichoso, que en ortigas se encuentra




Veneno de rosas, negras rosas de tristeza 


Espinas que encajan mi garganta callada


La sangre se congeló en mis venas


Al romperse en cristales, la soñada quimera.





© copyright Araceli García 2014.













EN LAS MANOS DE HADES (Prosa poética)






EN LAS MANOS DE HADES

La hebra de la noche nos envuelve. Turbia entre sus fauces, se halla la enramada de una humanidad que agoniza sobre la hiedra del desasosiego. Rosas negras hilvanan las sombras, atrapan la esperanza en el laberinto de una muerte inminente. El corazón mundano crepita en la mirada de su escoria, pintando un silencio desconocido y absorbente.

La tortura se taladra como una llama dulce sobre mi cabeza; que cruel perdura debajo de un perdido y olvidado renacimiento. Canta el arrepentimiento tras el sepulcro de la cordura, como ave negra de triste figura que vuela sobre el desierto oscuro del firmamento.

¿Escuchas la agonía del mundo? sus voces en cantata escurren las lágrimas de la luna, ella responde en gris partitura, al céfiro de los aúllos de un futuro y melancólico lamento. La existencia baila sobre melaza oscura, como una pluma escribiendo su patético testamento.

 Niebla y sol negro hay en el alma. Soledad que arrastra el temperamento de las hojas irremediablemente por el espíritu humano marchitadas. Los ángeles, llaman al hombre, a la desolación de un sueño agonizante.

 Cantan a un mundo olvidado, sediento de la fuente que exterminó su locura, seca se halla la vida, en un sendero que por sus ojos fue indiferente. La existencia ya ha aceptado su espejo, reflejos de dolor y sufrimiento, que polvorientos y mutilados exhalan agotamiento. 

Mis ojos lagrimean estrellas, luceros que gimen y calcinarán la nube de éter de todos mis deseos.
¡Baila  muerte sobre nuestra tumba!, seduce con recuerdos al bosque embrujado de un mundo devastado, perdido en la cortina de un fuego fracasado. Danza con tu velo de extinción y apocamiento, consumido  por la bestia letal de un perenne y cruel pensamiento.

No encuentro camino, permanezco inerte en la cama de un universo raro, ahuyentando la escasa luz que se funde en este invierno obstinado. El ocaso burbujea vida en su caldero profano.  Se consume el agua quedando sólo el estrago,  destrucción esculpida por manos inhumanas de artesano. Caminos enmohecidos se extienden pintando su manto de tinieblas, cadenas de lágrimas tejen el ataúd de una humanidad eclipsada por su propia demencia.

 Néctar de existencia exiliada y desolada en los laberintos extraviados de la nada.
Los pájaros muertos en la negra faz de la tierra, lagrimean la gélida tumba de su triste morada.  Calcinados sobre las flores de piedra, soñarán belleza en la noche de mordaz vestimenta.

Cantan las almas pidiendo piedad, por la desolación al fin conquistada, arrullándose en las notas del camposanto, cobija de su último aliento. Danzan sobre el corazón purpúreo de su bello y construido infierno.
Es el sueño que se teje real, en un futuro sin miramientos, pero algo me dice que aún hay tiempo.

 La luz no ha expirado su luminiscencia. Aplaca con sus alas  la ira de Hades y abanica el horror en que el hombre se está condenando. No quiero verme morir en los prados de un funesto averno sofocado. Allá a lo lejos se esconde la vida, ella aún ofrece su mano como un privilegio. Engendra  y matiza la mariposa  de un nuevo nacimiento, donde el hombre despierte a la luz y deje atrás la oscuridad.


© Copyright Araceli García2014.









AMOR Y MUERTE
El retrato de Dorian Gray


En ese lugar, donde la juventud es silencio inerte
Donde el alma hace el amor con la arrogancia
Donde sutil del pecho en una caricia  arranca,
El corazón de lodo infernal a la misma muerte
 
Ahí, donde el sigilo es entierro del pergamino
Donde escrito está el tiempo concedido
Y brota y se bebe sangre de un inmortal vino
Burbujas de lapso, que se creyó merecido
 
Ahí te amaré, en el vacío de un espejo
Tras el lienzo que condena a las llamas del infierno
Donde las caricias viven en el mundo de lo eterno
Y no existe el sol, que apague el gélido invierno
 
Ahí estaré amándote, desdeñando a la muerte
Que en redes de luna, ha guardado el cheque,
Alma perdida que se otorgó, tan sólo por quererte
Como un racimo, como quien regala un juguete
 
Tócame, concede la caricia a esta careta en llamas,
Que vive en la noche, de una lozana máscara
Añeja la faz, se anida entre el esbozo de un rostro,
Que estriba sueños de color, en el marchito óleo
 
Ámame, en la penumbra de un beso ambicioso
En el umbral de un camino en el fuego perdido
Y concédeme tu luz en un abrazo amoroso
Que haga que mi destino, tenga un leve sentido.
 


© Copyright Araceli García 2015




domingo, 22 de febrero de 2015






SEÑORA MUERTE




¡Oh! señora que ambicionas


La lápida gris de la sepultura


Dame tu beso irónico


Y llévate entre tus cuencas mi vida







Permíteme refugiarme




En lo oscuro de tu guarida




Para no pensar en la espera




De esta triste agonía









Hechízame esta noche




Con tu gesto hipnótico




Desgárrame con tus besos




Del suplicio catastrófico









Para olvidarme de la osadía




De amar en demasía




Y ser tormenta tétrica




Que viva en tu sonrisa









Ven a mí, señora ennegrecida


Vístete del abismo de mi dolor


Déjame beber tu elixir, sólo la justa medida


Para apagar el fuego, ya inerte de mi amor.





© Copyright Araceli García 2013