lunes, 23 de febrero de 2015

EN LAS MANOS DE HADES (Prosa poética)






EN LAS MANOS DE HADES

La hebra de la noche nos envuelve. Turbia entre sus fauces, se halla la enramada de una humanidad que agoniza sobre la hiedra del desasosiego. Rosas negras hilvanan las sombras, atrapan la esperanza en el laberinto de una muerte inminente. El corazón mundano crepita en la mirada de su escoria, pintando un silencio desconocido y absorbente.

La tortura se taladra como una llama dulce sobre mi cabeza; que cruel perdura debajo de un perdido y olvidado renacimiento. Canta el arrepentimiento tras el sepulcro de la cordura, como ave negra de triste figura que vuela sobre el desierto oscuro del firmamento.

¿Escuchas la agonía del mundo? sus voces en cantata escurren las lágrimas de la luna, ella responde en gris partitura, al céfiro de los aúllos de un futuro y melancólico lamento. La existencia baila sobre melaza oscura, como una pluma escribiendo su patético testamento.

 Niebla y sol negro hay en el alma. Soledad que arrastra el temperamento de las hojas irremediablemente por el espíritu humano marchitadas. Los ángeles, llaman al hombre, a la desolación de un sueño agonizante.

 Cantan a un mundo olvidado, sediento de la fuente que exterminó su locura, seca se halla la vida, en un sendero que por sus ojos fue indiferente. La existencia ya ha aceptado su espejo, reflejos de dolor y sufrimiento, que polvorientos y mutilados exhalan agotamiento. 

Mis ojos lagrimean estrellas, luceros que gimen y calcinarán la nube de éter de todos mis deseos.
¡Baila  muerte sobre nuestra tumba!, seduce con recuerdos al bosque embrujado de un mundo devastado, perdido en la cortina de un fuego fracasado. Danza con tu velo de extinción y apocamiento, consumido  por la bestia letal de un perenne y cruel pensamiento.

No encuentro camino, permanezco inerte en la cama de un universo raro, ahuyentando la escasa luz que se funde en este invierno obstinado. El ocaso burbujea vida en su caldero profano.  Se consume el agua quedando sólo el estrago,  destrucción esculpida por manos inhumanas de artesano. Caminos enmohecidos se extienden pintando su manto de tinieblas, cadenas de lágrimas tejen el ataúd de una humanidad eclipsada por su propia demencia.

 Néctar de existencia exiliada y desolada en los laberintos extraviados de la nada.
Los pájaros muertos en la negra faz de la tierra, lagrimean la gélida tumba de su triste morada.  Calcinados sobre las flores de piedra, soñarán belleza en la noche de mordaz vestimenta.

Cantan las almas pidiendo piedad, por la desolación al fin conquistada, arrullándose en las notas del camposanto, cobija de su último aliento. Danzan sobre el corazón purpúreo de su bello y construido infierno.
Es el sueño que se teje real, en un futuro sin miramientos, pero algo me dice que aún hay tiempo.

 La luz no ha expirado su luminiscencia. Aplaca con sus alas  la ira de Hades y abanica el horror en que el hombre se está condenando. No quiero verme morir en los prados de un funesto averno sofocado. Allá a lo lejos se esconde la vida, ella aún ofrece su mano como un privilegio. Engendra  y matiza la mariposa  de un nuevo nacimiento, donde el hombre despierte a la luz y deje atrás la oscuridad.


© Copyright Araceli García2014.





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