
EN LAS MANOS DE HADES

La hebra de la noche nos
envuelve. Turbia entre sus fauces, se halla la enramada de una humanidad que agoniza
sobre la hiedra del desasosiego. Rosas negras hilvanan las sombras, atrapan la
esperanza en el laberinto de una muerte inminente. El corazón mundano crepita
en la mirada de su escoria, pintando un silencio desconocido y absorbente.
La tortura se taladra como una
llama dulce sobre mi cabeza; que cruel perdura debajo de un perdido y olvidado
renacimiento. Canta el arrepentimiento tras el sepulcro de la cordura, como ave
negra de triste figura que vuela sobre el desierto oscuro del firmamento.
¿Escuchas la agonía del mundo?
sus voces en cantata escurren las lágrimas de la luna, ella responde en gris
partitura, al céfiro de los aúllos de un futuro y melancólico lamento. La
existencia baila sobre melaza oscura, como una pluma escribiendo su patético
testamento.
Niebla y sol negro hay en el alma. Soledad que
arrastra el temperamento de las hojas irremediablemente por el espíritu humano
marchitadas. Los ángeles, llaman al hombre, a la desolación de un sueño
agonizante.
Cantan a un mundo olvidado, sediento de la fuente que exterminó su locura, seca se halla la vida, en un sendero que por sus ojos fue indiferente. La existencia ya ha aceptado su espejo, reflejos de dolor y sufrimiento, que polvorientos y mutilados exhalan agotamiento.
Mis ojos lagrimean estrellas, luceros que gimen y calcinarán la nube de éter de todos mis deseos.
Cantan a un mundo olvidado, sediento de la fuente que exterminó su locura, seca se halla la vida, en un sendero que por sus ojos fue indiferente. La existencia ya ha aceptado su espejo, reflejos de dolor y sufrimiento, que polvorientos y mutilados exhalan agotamiento.
Mis ojos lagrimean estrellas, luceros que gimen y calcinarán la nube de éter de todos mis deseos.
¡Baila muerte sobre nuestra tumba!, seduce con
recuerdos al bosque embrujado de un mundo devastado, perdido en la cortina de un
fuego fracasado. Danza con tu velo de extinción y apocamiento, consumido por la bestia letal de un perenne y cruel
pensamiento.
No encuentro camino, permanezco
inerte en la cama de un universo raro, ahuyentando la escasa luz que se funde
en este invierno obstinado. El ocaso burbujea vida en su caldero profano. Se consume el agua quedando sólo el estrago, destrucción esculpida por manos inhumanas de
artesano. Caminos enmohecidos se extienden pintando su manto de tinieblas,
cadenas de lágrimas tejen el ataúd de una humanidad eclipsada por su propia
demencia.
Néctar de existencia exiliada y desolada en los laberintos extraviados de la nada.
Néctar de existencia exiliada y desolada en los laberintos extraviados de la nada.
Los pájaros muertos en la negra
faz de la tierra, lagrimean la gélida tumba de su triste morada. Calcinados sobre las flores de piedra,
soñarán belleza en la noche de mordaz vestimenta.
Cantan las almas pidiendo piedad,
por la desolación al fin conquistada, arrullándose en las notas del camposanto,
cobija de su último aliento. Danzan sobre el corazón purpúreo de su bello y
construido infierno.
Es el sueño que se teje real, en
un futuro sin miramientos, pero algo me dice que aún hay tiempo.
La luz no ha expirado su luminiscencia. Aplaca con sus alas la ira de Hades y abanica el horror en que el hombre se está condenando. No quiero verme morir en los prados de un funesto averno sofocado. Allá a lo lejos se esconde la vida, ella aún ofrece su mano como un privilegio. Engendra y matiza la mariposa de un nuevo nacimiento, donde el hombre despierte a la luz y deje atrás la oscuridad.
La luz no ha expirado su luminiscencia. Aplaca con sus alas la ira de Hades y abanica el horror en que el hombre se está condenando. No quiero verme morir en los prados de un funesto averno sofocado. Allá a lo lejos se esconde la vida, ella aún ofrece su mano como un privilegio. Engendra y matiza la mariposa de un nuevo nacimiento, donde el hombre despierte a la luz y deje atrás la oscuridad.
© Copyright Araceli García2014.

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